Categoría: Mis Movidas

  • El Taller

    El Taller

    Ya tenía todo lo necesario para empezar el gran reto del montaje del taller. La espera no duró mucho. Al día siguiente, cuando estaba prevista la entrega de la máquina, me dispuse a iniciar el montaje de la mesa. Cuando alguna actividad en mi vida la considero trabajo siempre necesito cierto ambiente musical. Así que cargué Spotify en el iPhone, preparé las herramientas, y a desembalar y montar.

    Primero La Mesa, Pobrecita

    No comenté en el otro post en qué estado llegó la caja de Vevor. Muy magullada. Las empresas de reparto tienen scanners, códigos de barras, apps, tracking en tiempo real, saben hasta el segundo apellido de tu abuela y pueden decirte a qué hora exacta llegará tu pedido… pero cuando toca hacer el trabajo, actúan como si les acabaran de tirar un bulto misterioso sin identificar. El repartidor que entregó mis cincuenta kilos de mesa no traía carretilla. Lo cargó a pulso hasta la entrada del edificio. Me dijo «hasta aquí llego, no puedo más». Claaaaroo, pensé yo. Le pedí que lo subiéramos entre los dos al piso. Accedió. Tecnología punta para rastrear el paquete, fuerza bruta del paleolítico para entregarlo.

    Con esa expectativa, el día que me dispuse a montar la mesa, no me extrañó que las piezas colocadas en el canto de la caja estuvieran deformadas teniendo en cuenta el supuesto trato del bulto por parte de la empresa de envío. La pieza en concreto era un perfil estante que deduje se colocaba en la parte más superior del banco de trabajo. Era una balda que para mí no era determinante tener, pero que soportaba una tira de led cuya luz me vendría bien. La cuestión es que la suerte estaba de mi lado pues justo esa parte era accesoria para mí. La máquina llevaría un accesorio adicional en la parte trasera que necesitaba más volumen de instalación. Descarté desde el principio montar la pieza deformada.

    Pieza deformada aparte, la mesa quedó montada sin ningún problema. Lo que más me sorprendió fue la calidad del tablero de la mesa. Era madera auténtica, a modo parquet, justo lo que quería. Y el resto de la mesa era justo la calidad esperada. Perfiles de acero acabados en negro.

    La Máquina

    Mi experiencia en unboxing siempre tendrá como referencia a Apple. Mi relación con Apple en el unboxing es sinónimo de aventura y placer. Parece algo fetichista, pero me gusta que la experiencia de postventa incluya que abrir una simple caja para sacar lo que has comprado sea placentera y a la vez satisfactoria por lo sencillo y pensado para el usuario final.

    PRUSA no es menos. La caja es aparentemente sencilla pero esconde el mimo por el cuidado de lo que has comprado. Es un buen cartón, tiene unas asas empotradas de plástico que permiten transportar a pulso el quintal que pesa. Una vez abierta, lo primero son las vitaminas, que incluyen unas gominolas Haribo. El sistema pensado para extraer la máquina es ingenioso y práctico.

    Ya Montada

    Compré la Core One ya montada.

    No quería empezar en esto de la impresión 3D montando un puzzle complejo. Quería lo más parecido a un producto ya listo para usar. Sabía lo que tenía entre manos. La alcé y coloqué encima de la mesa. El equilibrio entre kit de montaje y montado viniendo de PRUSA es el adecuado. Hay cosas que terminar de montar, por supuesto, pero no es lo mismo que te llegue todo sin montar y echarle muchas horas a ver si finalmente todo está en su sitio y funciona. No quería que mi primera experiencia fuera una frustración anunciada.

    Una vez colocada la máquina en la mesa, solo tenía que imprimir algo. Estaba ahí. Montada. Esperando.

    Pero no lo hice.

    Llevaba meses formándome para este momento. No iba a ser impaciente ahora. No después de veinticinco años. La primera impresión no podía ser solo encender y pulsar un botón. Es entender cada paso. Es el momento en que todo lo que imaginaste se vuelve real.

    Y ese momento merecía hacerse con cautela.

    Tantos años esperando. Podía esperar un día más para que la primera capa saliera perfecta.

  • Puesta en Marcha

    Puesta en Marcha

    A lo largo de este 2025, que iba a ser el año en el que sí o sí tenía que montar un pequeño taller de impresión 3D, investigué cómo encajar todo lo necesario para que la máquina (así es como terminaría llamando a mi impresionante PRUSA Core One) pudiera ser utilizada de manera provechosa y sin problemas de sitio.

    Comiéndome la Cabecita

    Necesitaba al menos un espacio de 2 x 2 metros para montar una mesa de taller y un mueble de almacenaje auxiliar para guardar todo tipo de herramientas, los rollos de filamento plástico, las bases de impresión y otras cosas varias. Iban pasando los primeros meses de 2025 y no establecía el lugar para poder instalar el taller. Mi casa no reunía ninguna condición para instalar y ocupar 4m² en la creación de un taller.

    Mi antiguo dormitorio, en casa de mi madre, que coincidió su uso en los años de mis estudios superiores de diseño industrial, volvería a ser el escenario. Aquella habitación fue utilizada para mis últimos años de bachillerato y el curso de orientación universitaria. Y una vez accedí a la escuela universitaria Istituto Europeo di Design, mi habitación se convirtió en un micro estudio de diseño industrial. Los proyectos académicos fueron pasando sobre dos escritorios en línea. En uno de ellos estaba mi flamante PC clónico con procesador intel 486 y sus 16 megabytes de RAM. En el otro escritorio me construí una mesa de dibujo a medida en la que tenía un flexo y paralex de 120cm. Solo unos pocos años después me independicé y no volví a trabajar en el micro estudio de diseño.

    En 2025 mi antigua habitación sería el lugar para volver al diseño tridimensional. Esta vez no solo para proyectar y dibujar. Mi objetivo sería esta vez fabricarlos.

    Organicé todo el inventario de cosas que necesitaba para empezar: una mesa de taller o banco de trabajo, un taburete y la máquina, por supuesto. Eso era lo principal entre otras cosas. Sabía que muchas otras cosas más eran necesarias para poder empezar. Pero quería empezar con lo mínimo.

    Las semanas del verano fueron pasando.

    Con cada semana era una menos para empezar.
    Estaba todo por hacer…

    Decisión Tomada

    No fue hasta bien entrado el otoño de 2025 que no me dispuse a comprar todo lo necesario.

    Las mesas de trabajo ninguna me seducía, las únicas que me gustaban eran unas muy bonitas de Seville Classics y las típicas de Simon Rack que, aunque con muy buen sistema, no se ajustaban a la estética de mueble de trabajo para instalar en una casa. Quería algo que aunara solidez, estética y funcionalidad. Finalmente, después de mucho investigar por Internet, encontré la marca Vevor.

    Una vez decidida la mesa, lo demás vendría rodado. Ya sabía durante los años que tenía el ojo izquierdo en la impresión 3D que la máquina sería una PRUSA. Tenía en mente comprarme una MK4S. Pero en 2024 anunciaron que tendrían un modelo CoreXY y cerrado, la Core One. Sabía que tenía opciones más asequibles, pero tener una PRUSA sería la primera máquina que tendría para empezar. No me cerraría para el futuro tener otros fabricantes.

    El 14 de noviembre fue el día clave. Hice los pedidos de la mesa Vevor y de la PRUSA Core One.

    Todo fueron incidencias para bien y para no tan bien.

    La Puñetera Mesa No Llega

    La mesa que en principio debía llegar antes que la máquina fue retrasando su entrega. Sabía en el momento de hacer el pedido que tardaría un mínimo de 7 a 10 días en ser recibida teniendo en cuenta que el origen del envío estaba en Chequia. Igual que PRUSA. Hubo retrasos de transporte de DHL Freight que, una vez llegado al almacén de destino, no establecían contacto para entrega hasta el destino final. Estos comentaban que era necesario concertar cita de entrega con DHL Parcel que, a su vez, se lavaban las manos diciendo que debían ser los «otros» los que tenían que hacerlo. Un lío. Mucho teléfono pero al final conseguí que trajeran la mesa para la primera semana de diciembre.

    Your CORE One Order Has Been Upgraded!

    Con Prusa Research, el tema fue una incidencia para bien. Coincidiendo con la celebración de FormNext 2025 me enviaron un email comentando que el pedido de todo el material, incluyendo una Core One, se atrasaba porque sería sustituido por una nueva iteración, la Core One +, que incluiría todos los updates ofrecidos en la Core One L. Durante esos días se interrumpían los envíos para poder ofrecer la nueva iteración y que no me preocupara, que me lo enviarían a partir del día 27 de noviembre. Junto con la incidencia de la mesa Vevor, aquellos días fueron de bastante incertidumbre. Yo quería tener la mesa antes que la máquina. Era lo lógico. Para cuando llegara, la mesa estaría montada y sólo tendría que desempaquetar y colocarlo todo en su sitio.

    Qué llegará antes: ¿la mesa o la máquina?

    Pues llegó todo en orden pero con una diferencia de menos de 24 horas.

    La mesa llegó una tarde del jueves 4 y la máquina el viernes por la mañana del 5 de diciembre.

    Todas las cajas habidas y por haber. Justo lo que quería evitar. Pero en la vida las cosas son como vienen y no como uno quiere.

    Ya tenía todo.

    Dos cajas de 50kg en mi antigua habitación. El mismo cuarto donde destripaba y volvía a montar aquel PC cada vez que conseguía una mejora. Donde pasé noches enteras dibujando a mano con el flexo encendido durante toda la madrugada. Donde diseñaba objetos en papel de dibujo y renders de 16 bits que luego salían del plotter convertidos en planos técnicos. Donde soñaba que algún día, de alguna manera, podría fabricar las cosas que imaginaba.

    Veinticinco años después, la máquina que me pareció ciencia ficción en los 90, que vi inalcanzable en los 2000, que observé evolucionar desde la distancia durante más de una década… estaba ahí. Sellada dentro de una caja. Esperándome.

    No iba a diseñar más objetos inconclusos. Iba a fabricarlos.

    El fin de semana iba a ser muy largo. Tenía una mesa que montar, una máquina que desembalar, y más de veinticinco años de espera que convertir en la primera capa de la primera pieza.

  • ¡Hola Mundo!

    ¡Hola Mundo!

    Pues sí.
    Este es el saludo más adecuado para la ocasión.

    Hace ya algunas semanas que definitivamente me metí de lleno en el apasionante mundo de la fabricación aditiva asequible. Pero quería hacer primero una reflexión en retrospectiva.

    La Historia Viene De Muy Lejos

    Un poco después de graduarme en diseño industrial a finales de los 90’s estuvimos varios exalumnos en una charla coloquio sobre fabricación aditiva que llamaron de manera reduccionista, «impresión 3D». Acogimos toda aquella nueva información con entusiasmo. Y nos convencimos de tener una visión de que en un futuro muy cercano de unos pocos años podríamos diseñar y ejecutar la fabricación en una cantidad reducida de unidades de objetos tangibles y funcionales para el uso cotidiano. La relativa inmediatez de la obtención del objeto final y no de un mero prototipo nos fascinó de tal manera que muchos de nosotros en nuestras conversaciones posteriores ya nos veíamos usando estas maravillas de máquinas de fabricación.

    De todo aquello lo que quedó es que no pudimos adentrarnos en ese mundo. Realmente solo unos pocos en la profesión del diseño se podían permitir el gran costo de adquisición de las máquinas que permitían la «impresión 3D». El acabado superficial y las características técnicas del material usado para la fabricación más asequible no ofrecían los requisitos mínimos de uso. Las aplicaciones más inmediatas eran la creación de modelos de escala real, ni siquiera prototipos funcionales, que se degradaban materialmente en unas pocas semanas.

    Lo Que Realmente Pasó

    Desde aquellos orígenes yo me dediqué profesionalmente a otros tipos de diseño de producto, contrariamente a lo que en un principio planifiqué. Otra tecnología estaba irrumpiendo con fuerza a lo largo de los 90’s. Cualquier cosa relacionada con Internet y especialmente las tecnologías asociadas a la World Wide Web, me motivaron para elegir el camino profesional que condicionaría mi vida durante más de dos décadas. Aunque siempre mi gran anhelo fue el diseño de objetos y su fabricación mediante técnicas de fabricación aditiva o «impresión 3D».

    Una mañana, ya pasados algunos años, vi un reportaje en la televisión sobre el proyecto REP RAP de las máquinas auto-replicantes de tecnología FDM y sobre todo descubrí de «nuevo» que las máquinas de fabricación aditiva habían seguido desarrollándose y que en ese momento ya ciertamente eran asequibles. La posibilidad de poder crear objetos con fabricación aditiva de manera «barata» hizo que los llamados «makers» organizaran comunidades enormes integrados por gente de origen muy diferente. Confluían en la creación de ingenios que permitían crear objetos aparte de las grandes escalas de fabricación. De nuevo había tenido contacto con el mundo de la «impresión 3D».

    Al poco tiempo de este nuevo contacto con este mundo, asistí de nuevo a una charla-coloquio en el anteriormente Google Campus de Madrid. Los ponentes nos iban transmitiendo los cambios de paradigma en la metodología de creación de objetos en «impresión 3D». Insistían en que ciertos métodos y soluciones constructivas anteriores a la fabricación aditiva no eran necesarios y que nuevas metodologías podían ser aplicadas pues se carecían de las limitaciones de los métodos «tradicionales» de fabricación. Aún así advertían que estas nuevas formas daban paso a limitaciones propias de la tecnología de fabricación aditiva que se usara para producir los objetos. Y nos animaban a poder emprender en este nuevo mundo donde la industria tradicional y los nuevos «makers» tendrían una confluencia en el futuro no muy lejano.

    De aquello han pasado más de unos cuantos años, podría decir que más de diez. Y durante todo ese tiempo en que mi vida profesional transitó por el desarrollo del diseño de producto digital, diseño de UI y UX, mi ojo izquierdo estaba mirando los avances que iban ocurriendo en el área más asequible de la «impresión 3D».

    Estoy De Vuelta

    2025 ha sido el año en el que decido que no puedo permitirme la frustración vital de NO intentar diseñar objetos y soluciones con «impresión 3D». El mundo de la fabricación aditiva ha evolucionado de una manera impresionante. Se han conseguido grandes logros. Hasta el punto de que la gran industria está adoptando estos métodos de fabricación para según qué piezas. Y desde luego muchos fabricantes de bienes de equipo que son usados para fabricar objetos a gran escala usan la fabricación aditiva para sus equipos de fabricación. Incluso ha sido sabido que Apple ha usado fabricación aditiva para sus productos de electrónica de consumo. Los más altos requisitos de fabricación actualmente usan fabricación aditiva de «impresión 3D».

    Mi pretensión es noble. No me voy a engañar. Tampoco pretendo demostrar nada. Mis conocimientos de proyecto de objetos, diseño, son la base. Pero humildemente tengo mucho que aprender y re-aprender. Muchos conocimientos y percepciones los estoy rescatando de mi años de diseñador industrial. Y ya no sé si sentirme diseñador o simplemente un MAKER. Los makers se erigen como los nuevos artesanos que ayudan a la gente a poder solucionar problemas que otros objetos no cubren. Y serlo es mi pretensión.