Después de fabricar objetos funcionales para solucionar problemas de mi vida cotidiana, no me importaba ponerme a hacer juguetillos. La cyber-alpaca de Prusa no contaba como juguete. Era una prueba. Esta vez iba a fabricar unos juguetes con formato específico que llevaba esperando poder fabricar yo mismo. Kit Cards.
Los Kioscos De Prensa Y Sus Tesoros
De niño, en los años 80, los kit cards eran algo atractivo que todavía se vendían en los kioscos de prensa o las tiendas de chuches. Mis padres me compraban un kit card en los kioscos de prensa. O algún familiar me los regalaba. Era algo muy ocasional. No frecuente. Venían en sobres de papel impreso en un par de colores. Los había de montaje como algún cochecito minúsculo. O soldaditos de combate que no eran para montar y solo había que separar del «esqueleto». En los de montaje había que seguir unas instrucciones paso a paso que estaban en una de las caras del envoltorio de papel. Ver cómo algo completamente plano cobraba volumen, se convertía en tridimensional, en un objeto reconocible que podías sostener en la mano era algo mágico.
Esos kit cards desaparecieron de los kioscos hace ya muchos años. O quizás siguen ahí y yo dejé de mirar.
Pero ahora los podía fabricar yo mismo.
El Laberinto De Printables.com
Era la oportunidad perfecta para usar Printables.com de Prusa. Un repositorio enorme de modelos 3D listos para imprimir. Gratuito. Organizado. Con valoraciones y comentarios.
Estuve navegando durante días.
Coches de carreras por todas partes. Aviones de combate con hélices que no giraban. Dinosaurios genéricos que parecían ortopédicos. Animalitos monos pero sin gracia. Todo parecía diseñado para demostrar que una impresora 3D puede hacer cosas, no para que realmente quisieras montarlas.
Filtraba por «kit card». Filtraba por «puzzle». Filtraba por valoraciones altas. Nada. Veía las fotos de los modelos terminados y pensaba «¿para qué?». No encontraba ese algo que te hace detenerte y pensar «esto sí, esto lo quiero hacer».
Hasta que di con un dragón chino.
No era un dragón cualquiera. Era una recreación de un puzzle de madera tradicional. 148 piezas. Diseñado para ensamblarse por fricción sin pegamento. Con personalidad. Con presencia. Y venía originalmente como kit card.
Ahí estaba.
Mis Propias Kit Cards
El modelo venía diseñado para tres tarjetas. Pero quería algo más pequeño y manejable. Decidí hacer mis propias kit cards redistribuyendo las piezas en seis tarjetas en lugar de tres.
Cargué los archivos STL en el programa de CAD y construí el esqueleto de unión de las piezas. Las pestañas y puentes que mantienen cada pieza unida a la tarjeta antes de desprenderla. Una nueva distribución pensada para tarjetas más compactas.
Y tenía otra idea. Hacerlo en dos colores.
Todas las piezas se imprimen con la cara hacia la cama de impresión. Eso significa que la primera parte impresa, la que toca la cama, es la superficie que queda hacia dentro al montar el dragón. Si cambias de color a mitad de altura, la parte de abajo de cada pieza será de un color y la parte de arriba de otro. Al ensamblar el puzzle, colocas las piezas de tal forma que el segundo color queda en el exterior y el primero en el interior. Se ven los dos colores dando sensación de volumen.
El Negro Galaxy Black para las primeras capas. Naranja Prusa para el resto hasta el top. Al montarlo, el naranja quedaría por fuera y el negro por dentro. Estaba claro que esto de los kit cards iba a necesitar variedad cromática.
En esos días compré más bobinas de Prusament. Dos colores de PLA. Y otros dos de PETG que reservaría para otros trabajos que estaban a la espera.
El Ironing Que No Funcionó
Las primeras tarjetas no salieron bien.
Había activado el ironing en PrusaSlicer. La explicación de la técnica en la ayuda de Prusa era que la boquilla caliente pasa sobre la capa superior para alisar la superficie y conseguir un acabado brillante casi como en una lámina de plástico inyectado. Perfecto para kit cards, pensé. Una superficie lisa y profesional.
Pues no funcionó.

El ironing perdía presión de salida de material y arrastraba fragmentos sin adherir. La superficie quedaba irregular en vez de lisa. Con surcos y marcas donde debería haber quedado perfecta. Una guarrería, vamos.
No había hecho pruebas. A lo loco. Como siempre.
Sabía que tenía que aprender a controlar esa técnica correctamente. Pero no en ese momento. Aparqué el ironing para otra ocasión. Y aparqué el dragón con él.
Era una semana antes de Navidad y tenía otros planes.
El AT-ST Para Un Amigo
Había adquirido una bobina nueva de Pristine White en el último pedido de Prusament. Un blanco puro, limpio, sin el amarillento que dicen tienen algunos blancos baratos.
El modelo sería un AT-ST de Star Wars, el walker bípedo del Imperio, para regalárselo a un amigo. Es muy fan de Star Wars, colecciona y monta kits de Lego de la saga.
Lo imprimí en Nochebuena. El AT-ST salió limpio. Sin complicaciones. En blanco pristino como debía ser.
Se lo regalé el día 26 coincidiendo con una quedada para una cena post navidad que él había propuesto, sin reserva. A lo loco. Le sorprendió y gustó mucho a partes iguales y al día siguiente me mandó unas fotos. Ya lo había montado. Espero que lo colocara en alguna de sus estanterías junto a los Lego oficiales.

La Honda Monkey. O La Frustración Canalizada
En realidad estaba tan frustrado con el dragón aparcado que necesitaba hacer otra kit card. Cualquiera. Sin pensármelo mucho. Solo para demostrarme que podía terminar algo de este formato.
La moto Honda Monkey Z50J era un diseño también descargado de printables con tres tarjetas de piezas pequeñas y detalladas. Perfecta para regalar a un niño en el día de Reyes Magos. Una kit card de pocas piezas ya muy reconocibles que se pudiera montar rápido sin frustración.
Lo hice en tres colores. Cada tarjeta de un color contenía las piezas que por naturaleza coincidirían con la moto original. Galaxy Black, Lipstick Red y Pristine White. Los colores clásicos de Honda. Sin buscarlo, estaba aplicando esquemas cromáticos coherentes con los objetos que fabricaba.
Salió bien. Se lo regalé a mi sobrino el 6 de enero. Funcionó.
Pero el dragón seguía ahí. Pendiente.
El Dragón, Segunda Ronda
Después de Reyes retomé el dragón. Esta vez sin ironing. En su lugar configuré un top infill más lento. Sin la pasada final de alisado, pero con más control sobre el flujo de material. Sin pelos. Sin blobs. Sin arrastres.

Fui imprimiendo las seis tarjetas intercaladas con otros proyectos que estaba fabricando. No tenía prisa. El dragón ya no era un reto técnico. Era un proyecto que iba a terminar bien.
Las seis tarjetas salieron limpias. Cada pieza con su cara inferior en Galaxy Black y su cara superior en Prusa Orange. Todas las piezas unidas a su tarjeta por las pestañas que yo mismo había diseñado.
148 Piezas Y Una Tarde De Domingo
El montaje al final lo hice el 25 de enero. Una tarde de domingo. Con tiempo. Sin prisas.
Empecé siguiendo el video de YouTube con las instrucciones. Las primeras piezas iban bien. Las patas traseras. La cola con sus pequeñas escamas. Todo encajaba por fricción como debía.
Pero a medida que avanzaba, el video iba demasiado rápido. Las piezas eran tan pequeñas y tan parecidas entre sí que perdía el hilo. Tuve que parar. Descargar el PDF con fotos. Comparar. Volver atrás en el video. Seguir en el PDF.
Piezas que se salían de sitio mientras montabas las siguientes. Las escamas del cuello que encajaban flojas y se caían en el momento más inoportuno. Incluso una cabeza que en principio no era muy laboriosa pero que al final como otras partes necesitaban reajustarse para que todo quedara en su sitio.
Pero seguí.
Dos horas más tarde, el dragón chino puzzle estaba terminado sobre mi mesa. Las 148 piezas encajadas por fricción. Las patas sosteniendo el peso sin pegamento. La cabeza con sus cuernos y sus ojos mirando al frente.

Naranja prusa en el exterior. Negro galaxia en el interior.
Los kioscos de prensa ya no venden estos kit cards. Pero yo acabo de hacer seis. Del tamaño que quise. En los colores que elegí. Con las piezas distribuidas como me pareció mejor.
Y lo monté yo mismo. 148 piezas. Una tarde de domingo. Sin instrucciones perfectas. Con paciencia y un PDF abierto en la pantalla.
Eso es lo que cambia cuando tienes una impresora 3D. No es solo fabricar objetos. Es volver a hacer cosas que creías perdidas en la infancia.
https://www.printables.com/make/3184977

















