Puesta en Marcha

A lo largo de este 2025, que iba a ser el año en el que sí o sí tenía que montar un pequeño taller de impresión 3D, investigué cómo encajar todo lo necesario para que la máquina (así es como terminaría llamando a mi impresionante PRUSA Core One) pudiera ser utilizada de manera provechosa y sin problemas de sitio.

Comiéndome la Cabecita

Necesitaba al menos un espacio de 2 x 2 metros para montar una mesa de taller y un mueble de almacenaje auxiliar para guardar todo tipo de herramientas, los rollos de filamento plástico, las bases de impresión y otras cosas varias. Iban pasando los primeros meses de 2025 y no establecía el lugar para poder instalar el taller. Mi casa no reunía ninguna condición para instalar y ocupar 4m² en la creación de un taller.

Mi antiguo dormitorio, en casa de mi madre, que coincidió su uso en los años de mis estudios superiores de diseño industrial, volvería a ser el escenario. Aquella habitación fue utilizada para mis últimos años de bachillerato y el curso de orientación universitaria. Y una vez accedí a la escuela universitaria Istituto Europeo di Design, mi habitación se convirtió en un micro estudio de diseño industrial. Los proyectos académicos fueron pasando sobre dos escritorios en línea. En uno de ellos estaba mi flamante PC clónico con procesador intel 486 y sus 16 megabytes de RAM. En el otro escritorio me construí una mesa de dibujo a medida en la que tenía un flexo y paralex de 120cm. Solo unos pocos años después me independicé y no volví a trabajar en el micro estudio de diseño.

En 2025 mi antigua habitación sería el lugar para volver al diseño tridimensional. Esta vez no solo para proyectar y dibujar. Mi objetivo sería esta vez fabricarlos.

Organicé todo el inventario de cosas que necesitaba para empezar: una mesa de taller o banco de trabajo, un taburete y la máquina, por supuesto. Eso era lo principal entre otras cosas. Sabía que muchas otras cosas más eran necesarias para poder empezar. Pero quería empezar con lo mínimo.

Las semanas del verano fueron pasando.

Con cada semana era una menos para empezar.
Estaba todo por hacer…

Decisión Tomada

No fue hasta bien entrado el otoño de 2025 que no me dispuse a comprar todo lo necesario.

Las mesas de trabajo ninguna me seducía, las únicas que me gustaban eran unas muy bonitas de Seville Classics y las típicas de Simon Rack que, aunque con muy buen sistema, no se ajustaban a la estética de mueble de trabajo para instalar en una casa. Quería algo que aunara solidez, estética y funcionalidad. Finalmente, después de mucho investigar por Internet, encontré la marca Vevor.

Una vez decidida la mesa, lo demás vendría rodado. Ya sabía durante los años que tenía el ojo izquierdo en la impresión 3D que la máquina sería una PRUSA. Tenía en mente comprarme una MK4S. Pero en 2024 anunciaron que tendrían un modelo CoreXY y cerrado, la Core One. Sabía que tenía opciones más asequibles, pero tener una PRUSA sería la primera máquina que tendría para empezar. No me cerraría para el futuro tener otros fabricantes.

El 14 de noviembre fue el día clave. Hice los pedidos de la mesa Vevor y de la PRUSA Core One.

Todo fueron incidencias para bien y para no tan bien.

La Puñetera Mesa No Llega

La mesa que en principio debía llegar antes que la máquina fue retrasando su entrega. Sabía en el momento de hacer el pedido que tardaría un mínimo de 7 a 10 días en ser recibida teniendo en cuenta que el origen del envío estaba en Chequia. Igual que PRUSA. Hubo retrasos de transporte de DHL Freight que, una vez llegado al almacén de destino, no establecían contacto para entrega hasta el destino final. Estos comentaban que era necesario concertar cita de entrega con DHL Parcel que, a su vez, se lavaban las manos diciendo que debían ser los «otros» los que tenían que hacerlo. Un lío. Mucho teléfono pero al final conseguí que trajeran la mesa para la primera semana de diciembre.

Your CORE One Order Has Been Upgraded!

Con Prusa Research, el tema fue una incidencia para bien. Coincidiendo con la celebración de FormNext 2025 me enviaron un email comentando que el pedido de todo el material, incluyendo una Core One, se atrasaba porque sería sustituido por una nueva iteración, la Core One +, que incluiría todos los updates ofrecidos en la Core One L. Durante esos días se interrumpían los envíos para poder ofrecer la nueva iteración y que no me preocupara, que me lo enviarían a partir del día 27 de noviembre. Junto con la incidencia de la mesa Vevor, aquellos días fueron de bastante incertidumbre. Yo quería tener la mesa antes que la máquina. Era lo lógico. Para cuando llegara, la mesa estaría montada y sólo tendría que desempaquetar y colocarlo todo en su sitio.

Qué llegará antes: ¿la mesa o la máquina?

Pues llegó todo en orden pero con una diferencia de menos de 24 horas.

La mesa llegó una tarde del jueves 4 y la máquina el viernes por la mañana del 5 de diciembre.

Todas las cajas habidas y por haber. Justo lo que quería evitar. Pero en la vida las cosas son como vienen y no como uno quiere.

Ya tenía todo.

Dos cajas de 50kg en mi antigua habitación. El mismo cuarto donde destripaba y volvía a montar aquel PC cada vez que conseguía una mejora. Donde pasé noches enteras dibujando a mano con el flexo encendido durante toda la madrugada. Donde diseñaba objetos en papel de dibujo y renders de 16 bits que luego salían del plotter convertidos en planos técnicos. Donde soñaba que algún día, de alguna manera, podría fabricar las cosas que imaginaba.

Veinticinco años después, la máquina que me pareció ciencia ficción en los 90, que vi inalcanzable en los 2000, que observé evolucionar desde la distancia durante más de una década… estaba ahí. Sellada dentro de una caja. Esperándome.

No iba a diseñar más objetos inconclusos. Iba a fabricarlos.

El fin de semana iba a ser muy largo. Tenía una mesa que montar, una máquina que desembalar, y más de veinticinco años de espera que convertir en la primera capa de la primera pieza.