El llavero, la espátula y la alpaca

Tuve que esperar todo el fin de semana para poder hacer las primeras pruebas. La gran expectativa y deseo de empezar a utilizar la máquina tuvo que esperar unos días más. No fue hasta el lunes siguiente cuando por fin pude ponerlo todo en marcha.

Josef Prusa Te Saluda

El día del unboxing solo coloqué la máquina en su sitio definitivo sobre la mesa Vevor. Instalé la unidad de control con su pantalla y su rueda de interfaz. Nada más. El lunes sería cuando montaría las piezas extra y haría las primeras pruebas.

Los montajes extras del filtro HEPA y la cámara Buddy3D fueron algo laboriosos en conjunto. Me esperaba otra cosa. El filtro debería venir con cierta preinstalación de fábrica teniendo en cuenta lo complejo que es montarlo. Hay que desmontar carenados desde el interior y conectar cables a la placa controladora. Cruzar los dedos también ayuda. La cámara fue más sencilla, aunque las primeras Core One requerían un desmontaje considerable solo para pasar un cable USB-C. Prusa lo ha mejorado en las nuevas unidades. Me parece bien que hayan hecho un premontaje para algo que a priori es sencillo y básico como una cámara.

Una vez todo montado, lo enchufé a la corriente eléctrica.

«¡Tacháaaan!» Josef Prusa te saluda cuando arranca por primera vez la Core One. Literalmente. Su retrato aparece en la pantalla dándote la bienvenida.

Y ahí estaba yo. Después de todo este tiempo soñando con esto, viendo ese saludo en una pantalla que me confirmaba que todo estaba a punto de empezar. En la pantalla el asistente te guía por las comprobaciones de primer arranque con sistemas móviles, térmicos y sensores. Todo automático. Todo pensado para que un principiante no se pierda.

Al terminar, la pantalla dice: «Ya está todo en su sitio. Disfruta.»

Pero no lo hice. Todavía.

El Llavero Fallido De Un Principiante

Para la primera prueba elegí el llavero de Prusa que viene en el pendrive USB. Pequeño, rápido, con letras para probar precisión. Perfecto para un principiante.

Fallido. Fue culpa mía.

La máquina viene con un segmento de filamento naranja Prusa para las pruebas iniciales. Durante las comprobaciones solo salía un goteo mínimo de material. Lo dejé pasar. Descargué el naranja. Cargué el PLA rojo lipstick que venía de regalo. Seguí adelante.

Intuía que habría una purga automática. No la hubo. «Pues no purgará», pensé. «A saber cómo funciona esto.»

Seguía saliendo material, muy poco. En la boquilla a alta temperatura el naranja y el rojo se me confundían. Le dije que sí, que ya era rojo. Los veteranos que me lean se estarán riendo.

Ejecuté el llavero.

El cabezal empezó su danza de calibración. Fue al borde de la cama para supuestamente hacer algo. No salió nada. Luego empezó a moverse sobre las zonas donde debería depositar la primera capa. Nada. Vacío. El cabezal bailaba sobre la cama sin dejar material. Poco a poco empezó a salir algo, todavía naranja. Después fue apareciendo rojo gradualmente. La primera capa quedó parcial, con un hueco enorme donde debería haber material sólido. La segunda capa se depositó sobre vacío en esa zona.

Llegué a la conclusión de que había que haber purgado hasta que saliera filamento. El que fuera. Primero naranja hasta que se mezclara con el rojo completamente. Lección aprendida para siempre.

Así se aprende. Por las malas. Como muchas cosas en la vida.

La Espátula Que Sí Salió Bien

Al día siguiente, con la lección aprendida, purgué hasta que salió hilo de PLA rojo como para hacer un collar. Muy bonito ese color, por cierto.

Esta vez imprimiría la espátula que viene en el pendrive de Prusa. Una herramienta útil para levantar piezas de la cama de impresión PEI. Un ejemplo perfecto del uso de la fabricación aditiva para crear soluciones.

Limpié la cama con la toallita de isopropanol que venía en la caja. Una de esas vitaminas que Prusa incluye. Hasta que no tuviera isopropanol en grandes cantidades, reutilizaría esta toallita varias veces.

Inicié la impresión.

La primera capa se depositó correctamente. El resto de capas también. En minutos, la espátula estaba lista. El cabezal ni siquiera se ensució. Sorprendido, entendí que el PLA es un material muy sencillo. Se deposita con precisión. Se enfría rápido. Se rigidiza sin tensiones.

Un principiante como yo podía manejar esto.

Sostuve la espátula. La primera pieza útil que fabricaba en mi vida. Después de todo este tiempo diseñando objetos en pantallas, tenía uno real en la mano. Uno que yo había fabricado.

Me animé a ejecutar un trabajo más largo ese mismo día.

La Alpaca Cibernética Y La Vigilancia Remota

Si profundizas en la web de Prusa Research te darás cuenta de que las alpacas son protagonistas. En su sede en Praga tienen un zoo con varias alpacas para disfrute de los empleados. Este modelo 3D de alpaca con características cibernéticas y mecánicas probablemente viene de ahí. Es una figura compleja, casi cinco horas de impresión. Mi primera prueba desatendida.

La ejecuté y la dejé en marcha.

Usé Prusa Connect para vigilancia remota. Funciona perfectamente con las temperaturas de las partes importantes y altura en eje Z actualizándose en tiempo real. La cámara permite comprobar si el material se está depositando bien. Prusa no deja streaming de video en directo fuera de la red wifi. Incluso dentro de la red es complicado porque tienes que acceder a una dirección web aparte.

Consideré este ejercicio como el primero de muchos. Poner un trabajo en marcha en un momento determinado. Volver horas después a recogerlo.

Por la tarde volví. La alpaca estaba terminando. Tenía buena altura. Le quedaban la cabeza y las orejitas.

La saqué de la cama. No pesaba pero era sólida. Tenía volumen. Tenía detalles mecánicos complejos.

Y era mía.

La Puerta Y Su Tornillo Roto

Ese mismo día por la mañana, antes de las pruebas, cambié el sentido de apertura de la puerta. Prusa tiene una guía y es un proceso sencillo. Menos invasivo que instalar el filtro HEPA.

Me dejó un sabor agridulce.

Dulce porque conseguí lo que necesitaba. La puerta abriéndose hacia la derecha era más intuitiva. No interfería con el resto de la mesa.

Agrio porque durante el desmontaje descubrí un defecto de fábrica. Una de las piezas que sujeta magnéticamente el cierre tenía la rosca completamente cercenada. El tornillo estaba destrozado. Funcionaba solo porque la parte final de la rosca quedaba parcialmente enganchada al plástico.

No estaba enfadado. Esto se podría arreglar.

Pero no es de recibo esta tara en una máquina de este precio.

Esa primera semana terminó con contradicciones. Un tornillo roto en una máquina premium. Una alpaca cibernética perfecta en mi mesa. Un llavero fallido que me enseñó más que meses de preparación teórica. Una espátula que sostuve en la mano como si fuera el primer objeto que veía en mi vida.

En esa habitación donde antes solo diseñaba, ahora fabricaba. Con errores. Con defectos. Con curvas de aprendizaje.

Pero reales.

Y eso, a pesar de todo, era exactamente lo que había esperado durante tanto tiempo.